Mucho se habla sobre qué es mejor en el mundo del vino, si la innovación y expresividad de los vinos del llamado nuevo mundo o la tradición y la sutileza de los vinos del viejo mundo. Y es que la irrupción del nuevo mundo llega junto a la apertura comercial global y el incremento en el consumo de vinos en casi todas partes. Pero hay que destacar que el consumo de vino va acompañado también de un incremento en la producción y en el comercio internacional del mismo. Así, la demanda ha aumentado sobre todo en nuevos mercados y en otros no tan nuevos pero que están en gran auge.
Pero el verdadero dilema está en el consumo que hay dentro de los mayores mercados importadores, es decir, es la tendencia de los mercados que más influyen en el comercio internacional, lo que está determinando el estilo con el que se hacen los vinos hoy; ayudados en parte por un marcado cambio en las condiciones climáticas, que al final ayuda a que los vinos disponibles en mayor medida en los mercados internacionales posean las características más próximas a los vinos del nuevo mundo. Esto parece no ser tan claro, pero las estadísticas nos dicen que el consumo de vinos robustos, intensos y frutales ha ido en aumento, sólo falta ver en qué mercados lo hacen con más ímpetu.
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