El vino ha sido desde hace las primeras civilizaciones humanas, una bebida muy apreciada, sobretodo en occidente, a donde fue llevada desde el oriente medio por los fenicios y los griegos. La vid para hacer vino se plantó en Europa incluso antes de la época romana, pero fue hasta el Imperio cuando se volvió una bebida tan apreciada y popular entre la sociedad. Es claro que en ese tiempo el vino de mayor calidad y frescura se bebía en las casas de los nobles y del Emperador, y se cree que seguramente el vino no era de tan alta calidad como lo es ahora.
En la antigüedad se agregaba resinas, mieles, especias y hierbas al vino para aromatizarlo, pero sobre todo para conservarlo ya sea durante su traslado o bien para guardarlo durante un tiempo; para beberlo, entonces se precedía a agregarle agua para que diluyera un poco el concentrado y así se bebía en las reuniones. El vino se guardaba generalmente en recipientes de barro y/o de cuero y en los sitios más frescos de los hogares, con el fin de retardar su oxidación y envejecimiento. De este modo, el vino ha acompañado las celebraciones y reuniones de muchos pueblos desde hace mucho tiempo.