Cuando compramos y bebemos una botella de vino de cualquier lugar del mundo, incluso de procedencia nacional, estamos ante un vector por así llamarlo de información, de cultura y de geografía. Esto es porque el vino es un producto agrícola que implica un terreno ubicado en una localidad, que tiene determinadas características climáticas y físicas. Todo lo anterior afecta de manera directa a la uva, desde su aparición y durante todo su proceso de crecimiento y maduración. El ambiente impregna de aromas a los granos, el suelo aporta su riqueza orgánica o mineral, las temperaturas ayudan a madurar lenta o velozmente a las uvas, etc.
A los factores anteriores se suma la accione del hombre que recoge las uvas y elabora el vino de acuerdo a sus medios y a su propio gusto, lo hace con más o menor tiempo de maceración, lo fermentan a temperatura controlada o dejan que se eleve la temperatura en el proceso, utilizan barricas de roble nuevas, usadas o sólo acero inoxidable, etc. Por eso además de la variedad de uva, el vino es el entorno físico en el que creció la uva y la mano del ser humano al elaborarlo, porque al final todo cuenta a la hora de degustar un vino.
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