Hoy la pluma se revela consecuente con la mente, y no pretende hablar más que, de lo que se le ocurra en este momento y nada más. En una noche fresca de primavera, en un cuarto que ha guardado el calor durante el día, se percibe una tranquilidad propia de domingo por la noche, en una ciudad en la que la tranquilidad se ha vuelto un bien escaso. Estos días calurosos me hacen sentir con ánimo de salir de paseo por algún bello pueblo cercano a la ciudad, en Morelos, en Puebla o en Hidalgo, pero salir y sentir la naturaleza que nos rodea y que tan poco visitamos los capitalinos.
La ciudad de México es bella y sólo le falta permitir a quienes la recorren un mayor disfrute. Con un transporte público más completo y eficiente se evitaría tanto transito, ruido, contaminación y estrés en as calles. Se disfrutaría viajar por cualquier medio y hasta caminar, que es algo que muchos pretenden evitar. Creo que una muestra de la comodidad de una ciudad como esta, es qué tanto a la gente, se le antoja caminar en ella; ya sea en el Centro, en Coyoacán, pero también en San Angel, en CU, etc., y no sólo en las plazas comerciales cerradas y con aire acondicionado. Caminar es disfrutar.