En un sociedad que nos ataca con información en muchas direcciones, que muchas veces nos hace confundir el aquí y ahora con disfrutar al máximo, rápido, todo lo que se pueda ahora; mientras que por otro lado se nos invita a ir planeando el futuro, para que no nos tome desprevenidos y no sea peor que el presente, esto nos hace preocuparnos de más y hasta ser ansiosos con el costo de vivir en el futuro que no existe. Este es un ejemplo de esta información que nos presiona y que nos vende patrones de comportamiento en diversos sentido, que nos confunde y nos genera dificultades para elegir.
El asunto me parece relevante porque es común encontrar que el mayor problema a la hora de plantearse un plan o un objetivo, resulta ser el saber qué es lo que realmente uno quiere. Es sorprendente, pero es real, muchas personas no saben a ciencia cierta qué es lo que quieren. Normalmente es más sencillo saber lo que no se quiere, porque es más claro y menos comprometedor con nosotros mismos. Saber lo que se quiere implica definir metas y ser responsables ante el logro o no de ellas, pero la responsabilidad incluso ante nosotros mismos es algo que a muchos no les agrada, y menos si lo combinamos con un estúpido pero real (y común) miedo al fracaso, como si el éxito en vez de ser un deseo o una aspiración, se volviera una obligación.
Sobre todo esto hay mucho más que decir, pero será en las próximas entregas.
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